“El sueño de Hermione”
Una gota fría bajaba lentamente por su rostro, se deslizó sin problemas entre una de sus cejas castañas encontrando el camino para descender hasta la mejilla magullada y latente que lucía tras la sombra de la capucha. Aquella perla que en un comienzo partió siendo transparente, en ese momento, en esa parte del recorrido estaba totalmente teñida de un color tierra rojiza, mezcla de lo que había encontrado a su paso.
La inmensa oscuridad que la rodeaba se veía acompañada por el silencio sepulcral que la enmudeció. Ni siquiera podía ser capaz de reconocer su propia respiración agitada, ya que a pesar de que percibía como su pecho se inflaba ferozmente intentando captar el mayor oxigeno posible, no había ni un solo vestigio auditivo de aquello, tampoco lograba oír sus latidos cardiacos absolutamente desbocados. Sin duda estaba sumida en la mayor ausencia de estímulos, lo que la embargó de un temor jamás antes sentido, porque si había algo que no soportaba era la incertidumbre, Hermione Granger tenía, como parte inherente de su personalidad, de su forma de ser, el necesitar saber todo, desde lo importante hasta los detalles insignificantes, desde lo que le sucedía hasta lo que la rodeaba, porque eso la llenaba de la seguridad que hacia que tener ese coraje y valor que tanto pregonaba frente al resto, lo que le permitía dar aquellos pasos firmes y decididos ante quien se le pusiera por delante.
- ¿Qué pasa?- intentó en vano preguntar, pero simplemente se quedó en un cuestionamiento mental, que no tuvo respuesta, porque simplemente no estaba capacitada para contestarse a si misma.
La desesperación empezó a apoderarse de cada una de sus células, quería saber que significaba ese estado, por qué su cuerpo no reaccionaba, o mejor dicho por qué diablos se encontraba en ese lugar, en vez de estar descansando en su cama como creía que estaba haciéndolo hacia un par de minutos, horas, ni siquiera podía tener la certeza de cuanto tiempo había pasado perdida en esa nada.
De pronto como un flash fotográfico, un fuerte rugido bestial la erizó completamente, inundando sus oídos de aquel ruido sanguinario que le heló la sangre y la llenó de un silbido permanente que retumbó en su cabeza. La forma en como el rugido había irrumpido en ese vacío, le sirvió para comenzar a despertar y sentir todo su cuerpo, reconociendo en su interior como un corazón vuelto loco parecía que deseaba con todas sus fuerzas escapar de su caja toráxica; Si estaba de pie y quieta no entendía cómo, porque rápidamente se dio cuenta de la debilidad de sus piernas, reflejadas en que los músculos parecían que estaban sufriendo de espasmos crónicos y progresivos, haciéndole creer por unos segundos, que acababa de detenerse de una carrera por la cual lleva corriendo demasiado tiempo para soportarlo; percibió, además, en su boca como se traspasaba el sabor ferroso de su saliva, la escasa humedad que tenía en ella no resultaba ser suficiente para aliviar la sequedad que sufría su garganta.
Todo alrededor a ella se iluminó de un extraño color amarillo oscuro, que dejaba ver el contorno de unos troncos gruesos y nudosos que se extendían por todas partes, por donde se mirara había uno, o un grupo de ellos, altos y bajos, derechos o torcidos. Se aventuró a dar unos pasos y de pronto un pequeño tropiezo la dejó plantada de rodillas en medio de ese todo, levantando una ola de polvo que se extendió alrededor de su cuerpo, antecediendo al nuevo aullido agudo y punzante que la volvió a poner alerta recordándole a su cuerpo que era lo que estaba haciendo anteriormente a toda esa pausa. Rápidamente y sin considerar el dolor punzante en una de sus rodillas, inmediatamente logró ponerse de pie para continuar. Instintivamente apretó una de sus manos sobre algo que no supo distinguir, porque su mente siguió en un estado de shock, en un trance que la dejó inestable mental y físicamente, sin embargo sólo sabía que debía moverse, obligando a sus piernas a seguir en la travesía en la cual había estado, comenzando a correr entre aquel claro pajizo.
A cada paso agigantado que daba percibía aún la inestabilidad que tenía, y que se veía profundizada por el terreno que recorría, lleno de pequeñas piedras que dificultaban sus pisadas, haciéndola trastabillar constantemente.
-¿Qué hago aquí?, ¿de qué huyo? se cuestionaba cada vez más fuerte en su interior, sin dejar ni un solo segundo de correr, sin bajar la intensidad, aunque ya no podía respirar, aunque creyera que sus piernas no tenían más fuerza, podría jurar por su misma vida, por aquella que al parecer luchaba por mantener, que debía escapar de algo, sentía como obligación imperante el tener que salir de ahí, de ese extraño bosque lleno de raíces levantadas que intentaban botarla, de ramas que jalaban su vestimenta al paso intentando marcar su piel. Es más, no sólo eso la impulsaba, necesitaba hallar un lugar desconocido, algo en su interior, como una brújula interna, la guiaba en cada paso, cada giro, cada desviación que daba, buscando ese algo. De un momento a otro supo que no sólo escabullirse era lo que estaba haciendo al correr, sino que debía localizar un punto especifico, aunque no tuviera la certeza de cual, ni como era, y mucho menos la razón por aquello. Sólo sabía que tenía un destino.
La distancia que había recorrido la hacía estar complemente empapada de sudor, con la ropa absolutamente pegada a su piel, sólo aquella túnica negra que la cubría de pies a cabeza permanecía ondeándose producto de la velocidad con la cual se movía.
Sabía que no debía dejar de mirar al frente, ya que de esta forma podía esquivar a tiempo los árboles que se interponían en aquel escabroso camino imaginario que había trazado. Constantemente debía preocuparse de agachar la cabeza para no darse de lleno con alguna rama baja, acostumbrándose y haciéndolo casi ya sin mayor dificultad, sin embargo y antes de que pudiera hacer algo, la luz amarillenta que rociaba todo y que escasa pero útilmente le dejaba ver, cambió a un espectro violáceo que por unos instantes la dejó ciega. Intentó detenerse, pero casi le fue imposible, su cuerpo no respondia a su mente.
Una vez que hubo logrado acostumbrarse a aquel nuevo panorama lumínico, volviendo a ver perfectamente cada obstáculo, siguió cumpliendo su misión, apretando con más fuerza ese algo que llevaba en su mano, eso suave, delicado, de textura blanda y fría, que no era más que una pequeña y pálida mano, que logró ver cuando giró su cabeza por un instante. Se sorprendió al darse cuenta de aquello y lo hizo aún más al notar que podía ver cada vena que poseía. Eso fue lo único que logró distinguir porque al igual que ella misma, su acompañante se encontraba totalmente cubierto por una túnica negra, aquella criatura de no más de un metro que corría a la par permanecía en silencio, sólo dejando escuchar una suave y rápida respiración.
Hermione no se detuvo ni física ni mentalmente, todo en ella seguía trabajando, sobre todo su mente, no podía creer que aun siguiera confundida, había pasado bastante rato, aunque no pudiera cronometrarlo. Lo sabía, tenía la certeza que no había pasado poco tiempo desde que pseudo despertó de esa oscuridad y que debía ser suficiente para haber comenzado a entender todo, a recordar los detalles al instante anterior a eso, pero aun no podía.
Sentía que había una dualidad que se batía en su interior, había una parte de sí misma que estaba encerrada en alguna parte de su mente. Dos Hermione, en ese mismo instante, aquella que no comprendía nada, que parecía una mera espectadora, incluso de otro tiempo, dentro de si misma, y aquella que lo sabía todo, que hacía que su cuerpo se moviera de esa forma, que apretaba con fuerza la mano que sostenía y que sabía todos, o mejor dicho gran parte de los por qué, dónde, qué y quiénes, pero a la vez no los visualizaba porque sólo estaba pendiente de correr y de controlar la desesperación que la hacía temblar sin contemplación.
Por más que intentase comprender, entender su comportamiento le era imposible, por eso sabía que tenía que estar otra vez alerta a lo inmediatamente importante, coordinarse consigo misma para mantenerse a salvo de lo desconocido, de aquellos ruidos y rugidos lejanos, que eran capaces de atravesar todo ese solitario bosque, o por lo menos eso era lo que parecía en apariencia, porque a parte de ella y su acompañante no había otra señal física de vida, más que los sonidos distantes.
Lo que más la agobiaba era que por más que buscaba una respuesta lógica, seguia sin encontrarla, componiendose todo para parecer un puzzle mal ordenado, sin coherencia, incluso intentó dejar paso a la irracionalidad, sólo sintiendo con el corazón, pero tampoco pudo, ese cuerpo que era suyo, en ese momento era un total desconocido para si misma, sólo logrando reconocer ese cúmulo incesante y variable de emociones que la aquejaban.
Con un viento de gran altura que azotaba la copa de los árboles, provocando ventiscas y remolinos de tierra y hojas secas, enturbiando aún más el sombrío panorama de aquel escenario, la desesperación comenzó a respirarse. Cuando Hermione creía que su cabeza iba a explotar de tanto pensar, un fuerte ardor en su brazo izquierdo la hizo concentrarse sólo en aquel punto corporal que le mandó la señal de alerta, percatándose que por haber ido demasiado sumida en encontrar respuestas, no había logrado esquivar una gruesa rama con grandes y filosas espinas, permitiendo que una de ellas capturara su manga, rasguñándola a tal punto que logró alcanzar su piel, que se vio abierta de lado a lado, dejando paso a una hilera de sangre que comenzó a perderse en su ropa ya empapada. El dolor inminentemente más intenso, permitió que por fin su cuerpo reaccionara a sus órdenes de ese conciente cautivo de detener las zancadas, dando inicio a una marcha más lenta.
En un vano intento de comprobar que aquella herida no hubiera sido nada de cuidado, comenzó a liberar presión de sus dedos que habían mantenido prisionera a aquella manito, pero todo quedó en eso, en una vacía tentativa, porque al intentar soltarla fue esa mano quien le dejó cautiva la suya, ejerciendo una fuerte presión, haciendole olvidar la razón por la cual comenzaba a pausar su caminar. Se quedó con los ojos totalmente abiertos, con la expresión desencajada y con la respiración detenida, al sentir de pronto como era ella quien comenzó a ser arrastrada en una carrera casi tan veloz como la que llevaba hace unos segundos atrás. Asustada se dejó guiar entre los árboles, dejando de lado el dolor que afortunadamente empezaba a adormecer la zona afectada.
Corriendo entre el bosque bañado por una nueva luz azulina, que hacia brillar pequeñas motas blanquecinas de una escasa nieve que había caído con anterioridad, observó como al fondo, a unos cien metros de distancia, se distinguia un imponente claro, en donde una puerta formada por dos grandes y frondosos robles daban paso a una luz blanca.
Esa simple imagen la llenó de alivio, pero a la vez también de dolor, desolación y temor, su mano libre, dejó de estarlo porque otra vez su instinto la hizo actuar sin razón aparente, presionando con fuerza algo metálico que llevaba a un costado, algo que permanecía oculto en el bolsillo de su pantalón. De la nada, una imagen se formó claramente en su mente, como sí su otra parte le dejará ver algo más que simples sensaciones, una antigua daga brilló frente a sus ojos, que calzaba claramente con lo que percibía consigo. Un arma, ya no tenía duda de eso, incluso en ese instante ya la podia sentir completamente, una hoja metalizada descendía de una gran y detallada empuñadura. Al confirmar esto se encendió una nueva emoción que la dejó sin poder creer que ella fuera capaz de siquiera pensar en algo así y menos en ese momento, y sin evitarlo, sin tener conocimiento desde cuando o las razones de aquello, un gran odio creció, más bien, salió desde una guarida dentro de su pecho.
¿Qué me sucede?, se volvió a cuestionar, y otra vez no obtuvo respuesta. Dónde estaba esa Hermione que sabe todo, que para cada pregunta levantaba la mano y sabía perfectamente como responder, se reprochó comenzando a hacerlo con voz audible.
- Cómo es posible que para los cuestionamientos que me hago no puedo tener ni una miserable frase coherente que no tenga entre ellas las palabras “no lo sé”.
Se odiaba, en ese mismo momento, aquel oscuro sentimiento iba dirigido hacia si misma, se odiaba por no saber nada, por no poder solucionar las cosas y verse arrancando como una desquiciada en medio de un extraño lugar, de la mano de algo desconocido, hacia algo que sabía que no tenía ni la minima idea de que era, y que sólo presentía. Si, un estúpido presentimiento, la guiaba en que eso le traería paz y a la vez desconsuelo.
El aborrecimiento la carcomía, lo sentía hacia todo, hasta con los árboles, que se atrevían a intentar derribarla, con sus ramas afiladas que no mostraban piedad en despojarla de su ropa; de esa luz que cambiaba de tonalidad cada tanto en tanto, y que la hacía perder la visión; de esa cubierta que llevaba encima y que no la protegía de las heridas, y que a la vez no le dejaba, a su parte conciente saber a quien llevaba al lado; de esa arma que tenía la certeza que se convertiría en su salvación y su condena.
Horror, desesperación, desasosiego se mezclaban confusamente en su interior.
Conteniendo las ganas de llorar continuó corriendo comenzando lentamente a reconocer que era lo que le estaba provocando el más intenso dolor interno… Era aquel instinto de protección y amor incondicional hacia quién llevaba de la mano, pero que se veía manchado al saber que una vez llegando a aquella luz debía derramar su sangre.
-No puede ser- mumuró para si misma, frenando su marcha.
Sí, porque ya tenía una respuesta que dar a una de sus tantas preguntas, su misión en ese instante, a parte de salvarse, de huir de aquello que la persiguiese, era dar rienda suelta a la peor de las bajezas que un ser humano pudiera hacer, y se resumía en una palabra, en el más cruento de los verbos y era…matar.
Extracto capitulo Cinco Años de La Vena Negra del Destino

